Mostrando entradas con la etiqueta RSC. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta RSC. Mostrar todas las entradas

jueves, 7 de abril de 2011

Como crear un buen jefe

Hoy, leyendo un periódico de tirada nacional ... lo confieso, no soy muy normal y aún leo el periódico, a menudo en papel y varios. Lo siento. Pero ya puestos, incluso es más grave ya que también soy habitual en las redes sociales, de hecho lo he twitteado. Ya lo decía mi madre: ¡nos salió un poco raro!

Sin enrrollarme, el caso es que me llamó la atención un artículo titulado: "Sus empleados son su público", donde se destacaba la importancia de las personas en las organizaciones. ¡Que cosas tienen los periodistas!. La verdad, que esto sea noticia, de por sí ya tiene tela. Me da por pensar que debería ir en la página de sucesos. Lamentablemente la situación es tal que debo darle la razón al periodista y apoyarle para que siga haciéndolo.

La noticia decía que los trabajadores pueden ser los protagonistas de las campañas publicitarias de su organización. Una práctica que refuerza la imagen y la marca de la firma, así como el compromiso de los empleados. Eso sí, si lo que se muestra es la realidad. ¿Quiere esto decir que algunas empresas mienten?

La participación en un anuncio supondría un salario emocional, que el profesional dificilmente olvidaría, salvo si lo que dice el anuncio contradice su realidad, situación en la que los efectos serían exactamente los opuestos.

Para los que pensamos que las personas son el único recurso, que creemos en el llamado management humanista (que no es más que humanizar las organizaciones y que lo que de verdad importa son las personas), que somos optimistas aunque estemos bien informados, que vemos el trabajo no como un castigo, y que además, podemos y debemos buscar la felicidad tanto en el trabajo como fuera de él, nos revitaliza comprobar que existen empresas que actúan con estas convicciones.

Invadido por la alegría y subidón del momento, me atrevería a soñar con una gran multinacional, referente empresarial que guiara y marcara el rumbo a las demás, que tomara decisiones valientes y buscara la felicidad y bienestar de sus empleados, empezando por intentar mejorar a sus directivos. Díficil, ¿verdad? ¡Menudo ingénuo!

Esta empresa podría diseñar un programa con el objetivo de saber como crear mejores jefes. Se investigarían cuales son las cualidades que debería tener un buen jefe y sobre todo, ponerlas en orden de prioridad según las opiniones de sus propios trabajadores. Con los resultados se confeccionaria un curso de formación para los directivos y comprobar las mejoras que se producirían en todos los ámbitos. ¡ Fantástico !. Yo sería el primero en querer trabajar allí.

Y, ¿cuales serían las conclusiones?. Quizás fueran sorprendentes. Quizás podrían demostrar cosas tan simples como, que el personal quiere ser escuchado, ser atendido por sus jefes, tenido en cuenta, formar parte de la misión y visión de la empresa, sentirse valorado, tener un buen clima laboral, optimismo y buen humor, conciliación familiar, una empresa respetuosa y socialmente sostenible, etc. Cuestiones de puro sentido común, tan lógicas como importantes.

Y ¿donde estarían los conocimientos, preparación, dotes de mando, orden, jerarquia, etc.? ¿Quizás en último lugar? Noooo, eso es difícil de creer, un sueño ¿verdad? ...

Esa empresa existe, se llama Google. Ese proyecto comenzó en el 2.009 y se denomina Oxygen. Esas conclusiones son verídicas y son los verdaderos resultados del proyecto.

El pasado 12 de marzo el NY Times publicaba un artículo titulado: "Google´s Quest to Build a Better Boss" donde se exponía el proyecto y sus conclusiones. Esta mañana El Pais ha publicado el artículo traducido.


jueves, 31 de marzo de 2011

Pero, ¿que es eso de la RSC? La RSC del frutero.

Hace unos días se presentaban los resultados de una encuesta que afirma que el 65% de los españoles desconoce el significado de la RSC, y del restante que lo conoce, el 17% lo confunde con acción social o filantropía, o centra sus definiciones en cuestiones medioambientales, olvidando el carácter transversal de la misma.

Mi sorpresa ya fue mayúscula cuando la estadística se hizo realidad. Me explico. El sábado durante una comida familiar, mi abuela repentinamente me espetó a la cara y con desprecio la siguiente pregunta: pero, ¿qué es eso de la RSC?.

Tras superar el desconcierto inicial que me supuso, empecé a pensar cómo podría explicarlo de manera convincente, clara y sencilla, pero mis primeros intentos sonaban todos a definición de manual teórico: la Responsabilidad Social Corporativa es la búsqueda voluntaria de conciliar el crecimiento y la competitividad, con el compromiso y la sensibilidad para con el desarrollo económico, social y medioambiental.

A continuación le intenté explicar que no es una moda (nació en los años cincuenta), que no es otra palabreja nueva, la mayoría en inglés, para denominar algo que ya existía y hacer que parezca nuevo (los economistas lo hacemos habitualmente). Tampoco es marketing, ni patrocinio o mecenazgo, (aunque muchas empresas lo usan como maquillaje, intencionadamente).

¡Menudo rollo!. Así no va. A ver ahora. Abuela, el fin de las empresas es vender productos o servicios para obtener un beneficio. La cuestión es que ese fin no justifica cualquier medio. A través de la RSC la empresa busca igual ese beneficio, pero respetando y ayudando a los demás y al medioambiente. Es decir, no es lo que hace, sino como lo hace. Es la prueba de lo que son, de quienes son realmente.

La cara de mi abuela era todo un poema. Pero entre mis titubeos por salir airoso y demostrar la importancia que supone, recordé el caso del frutero y las discusiones que ocasionaba con mi abuelo, y traje su historia a la memoria.

Esto ocurrió hace ya años, cuando éramos críos y mi abuela aún podía valerse para ir a la compra. Ella iba al mercado a comprar la fruta y, según mi abuelo, le compraba al más caro. Mi abuela contaba que había dos fruteros. Uno era malencarado y bruto, no destacaba por su imagen personal, y hacía trabajar duramente a su hijo pequeño, a base de broncas. Sin embargo, su fruta estaba en cajas perfectamente ordenada, limpia y resplandeciente, digna de fotografiar, tan perfecta que mi abuela decía que parecía artificial y que nunca lograba saber su procedencia.

A su lado estaba el otro frutero. Este era un poco más caro, pero mi abuela siempre le compraba a él porque era más amable y educado, y aunque su fruta venía amontonada en cajas y no presentaba tan buen aspecto, lucía más natural y saludable. Para ella lo importante es que le generaba confianza y conocía su origen, ya que el mismo frutero se molestaba en explicar, que la fruta la iba a buscar personalmente a un pueblo cercano, donde podía comprarle a un paisano que era conocido por su honradez, esmero y cuidado natural de la cosecha. Si se lo pedían, el frutero llegaba incluso a decir el coste que le suponía la mercancía y su transporte. A esto se añadía su sensibilidad personal con los niños y con los más necesitados, aunque nunca dejaba que fueran visibles sus ayudas.

En su defensa y como argumento final hacia mi abuelo, ella le decía que ese frutero era buena gente y como tal así trabajaba. Y mirándole fijamente, con tono suave y pausado, lentamente repetía una de sus frases más habituales: “Trata a los demás como te gustaría que te tratasen”. Desgraciadamente esto no abunda, razón de más para ser agradecida.

Desde mi humilde opinión y simplificando, aquel frutero, sin estrategia de marca, consciencia ni premeditación alguna y mucho menos, falsa apariencia, era un negocio socialmente responsable. Por todo ello abuela, se podría decir que en su día, aquel frutero tenía RSC.